Cuando pensamos en un aceite de oliva virgen extra, solemos imaginarlo como el fruto puro de una única variedad de aceituna. Sin embargo, existe otra forma de crear aceites con personalidad: el coupage.
Herencia del mundo del vino, el término “coupage” define el proceso de mezclar distintas variedades de aceites con un objetivo claro: construir un perfil sensorial único y equilibrado.
Lejos de ser una técnica industrial, el coupage en el AOVE de alta gama es un trabajo meticuloso que combina precisión técnica y sensibilidad sensorial. Se trata de entender cómo se comporta cada variedad —su frutado, su amargor, su intensidad o fluidez— y decidir en qué proporción puede integrarse con otras para lograr un resultado armónico.
¿Por qué se elabora un coupage?
Cada variedad de aceituna aporta sus matices: unas son más dulces, otras más verdes, más amargas o picantes. El coupage permite:
- Equilibrar intensidades
- Potenciar determinados aromas
- Construir un aceite más redondo, complejo y versátil
No se trata de disimular, sino de afinar. Como en una orquesta, donde cada instrumento es esencial, pero el conjunto es lo que emociona.
Un proceso que exige experiencia y sensibilidad
Detrás de un buen coupage hay catas, pruebas, ajustes milimétricos. Es un proceso que requiere conocer a fondo cada variedad, pero también tener una idea clara del resultado buscado: más delicado, más intenso, más persistente, más frutado.
En muchos casos, el coupage se convierte en una firma personal. Una forma de expresar no solo lo que da la tierra, sino la mirada del productor, su forma de entender el aceite.
Coupage: técnica, intuición… y mucha intención
No hay reglas fijas. Cada año, cada cosecha, cada lote puede ser diferente. Por eso, el coupage no es solo una mezcla: es una decisión creativa, una búsqueda de equilibrio entre lo que ofrece el olivo y lo que se quiere comunicar en cada botella.
En Diezdedos, esta filosofía del coupage toma forma en dos creaciones de autor: PAGO y ESENCIA. Dos interpretaciones distintas de un mismo origen —el Pago Diezdedos, en Cretas (Teruel)— nacidas de la cata, la experiencia y la voluntad de expresar el terroir a través de la combinación precisa de nuestras cinco variedades. No como una fórmula fija, sino como una decisión consciente: convertir el aceite en una creación con identidad propia.


